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Miércoles, 30 de septiembre de 2026

San Jerónimo, presbítero y doctor de la Iglesia

Tiempo Ordinario · Blanco · Ciclo A

Tercia (Hora intermedia)

La salmodia

Quien reza más de una Hora intermedia usa en las demás la salmodia complementaria.

V. Señor, sondéame y conoce mi corazón. R. Guíame por el camino eterno.

Himno

Ven del seno de Dios, oh Santo Espíritu,

a visitar las mentes de tus fieles;

y haz que los corazones que creaste

se llenen con tus dádivas celestes.

Ilumine tu luz nuestros sentidos,

encienda el fuego de tu amor los pechos;

Espíritu de Cristo, fortalece

este barro mortal de nuestros corazones.

Danos, Amor, tu amor y la alegría

de conocer al Padre y a su Hijo,

de poseerte a ti que eres de entreambos

eternamente el inefable Espíritu. Amén.

Salmodia

He examinado mi camino, para enderezar mis pies a tus preceptos.

Salmo 118 · 118, 57-64

El Señor es mi herencia;

he resuelto guardar tus palabras;

de todo corazón busco tu favor:

ten piedad de mí según tu promesa;

he examinado mi camino,

para enderezar mis pies a tus preceptos.

Con diligencia, sin tardanza,

observo tus mandatos;

los lazos de los malvados me envuelven,

pero no olvido tu voluntad;

a media noche me levanto para darte gracias

por tus justos mandamientos.

Me junto con tus fieles,

que guardan tus decretos

Señor, de tu bondad está llena la tierra;

enséñame tus leyes.

He examinado mi camino, para enderezar mis pies a tus preceptos.

Me asalta el temor y el terror: hazme caso y respóndeme, Señor.

Salmo 54 · 54, 2-15. 17-24

Jesús empezó a sentir terror y angustia. (Mc 14, 33)

Dios mío, escucha mi oración,

no te cierres a mi súplica;

hazme caso y respóndeme,

me agitan mis ansiedades.

Me turba la voz del enemigo,

los gritos del malvado:

descargan sobre mí calamidades

y me atacan con furia.

Se estremece mi corazón,

me sobrecoge mi pavor mortal,

me asalta el temor y el terror,

me cubre el espanto,

y pienso: «¡Quién me diera alas de paloma

para volar y posarme!

Emigraría lejos,

habitaría en el desierto,

me pondría en seguida a salvo de la tormenta,

del huracán que devora, Señor;

del torrente de sus lenguas.»

Violencia y discordia veo en la ciudad:

día y noche hacen la ronda sobre las murallas;

en su recinto, crimen e injusticia;

dentro de ella, calamidades;

no se apartan de su plaza

la crueldad y el engaño.

Me asalta el temor y el terror: hazme caso y respóndeme, Señor.

Yo invoco a Dios, y el Señor me salva.

Salmo 54 · 54, 2-15. 17-24

Jesús empezó a sentir terror y angustia. (Mc 14, 33)

Si mi enemigo me injuriase,

lo aguantaría;

si mi adversario se alzase contra mí,

me escondería de él;

pero eres tú, mi compañero,

mi amigo y confidente,

a quien me unía una dulce intimidad:

juntos íbamos entre el bullicio por la casa de Dios.

Pero yo invoco a Dios,

y el Señor me salva:

por la tarde, en la mañana, al mediodía,

me quejo gimiendo.

Dios escucha mi voz:

su paz rescata mi alma

de la guerra que me hacen,

porque son muchos contra mí.

Dios me escucha, los humilla

el que reina desde siempre,

porque no quieren enmendarse

ni temen a Dios.

Levantan la mano contra su aliado,

violando los pactos;

su boca es más blanda que la manteca,

pero desean la guerra;

sus palabras son más suaves que el aceite,

pero son puñales.

Encomienda a Dios tus afanes,

que él te sustentará;

no permitirá jamás que el justo caiga.

Tú, Dios mío, los harás bajar a ellos

a la fosa profunda.

Los traidores y sanguinarios

no cumplirán ni la mitad de sus años.

Pero yo confío en ti.

Yo invoco a Dios, y el Señor me salva.

LECTURA BREVE

Dt 1, 16-17a

Yo di a vuestros jefes estas normas: «Vosotros escucharéis los pleitos de vuestros hermanos y juzgaréis con justicia las causas que surjan entre un hombre con su hermano o un extranjero. No seáis parciales en la sentencia, oíd por igual al pequeño y al grande; no os dejéis amedrentar por nadie, que la sentencia es de Dios.»

Oremos:

Señor, Padre santo, Dios fiel, tú que enviaste el Espíritu Santo prometido para que congregara a los hombres que el pecado había disgregado: ayúdanos a ser, en medio de nuestros hermanos, fermento de unidad y de paz. Por Cristo nuestro Señor.

Liturgia de las Horas. Publicada con autorización del Arzobispado de Santiago.

Liturgia de las Horas — Parroquia Nuestra Señora de los Pobres